II Concurso de microrelatos Hotel Madanis

A partir del día 24 de marzo de 2012, comienza el concurso de microrelatos en el que los participantes podrán optar a un premio que os explicamos en la siguiente imagen:

Concurso de microrelatos Hotel MadanisSólo tienes que acceder a nuestra página de Facebook, hacer click en “Me gusta” y publica tu relato como comentario de esta entrada.

Los relatos participantes no deberán exc eder – en ningún caso – las 250 palabras. Cualquier relato que exceda este número de palabras, se quedará publicado en el blog, pero no podrá optar al premio.

El relato deberá contar con alguna de las siguientes opciones:

  • Estar ambientado en un hotel.
  • Estar relacionado con el mundo del arte.
  • Estar relacionado con el mundo del fútbol.

El ganador será seleccionado de entre todos los participantes y la decisión sobre cuál es relato que consigue el premio, vendrá determinada por las siguientes variables:

  • Número de “me gusta” y comentarios en Facebook .
  • Valoración de un jurado formado por diferentes blogueros relacionados con la literatura.
  • Valoración final de un jurado compuesto por miembros de la plantilla del hotel.

La presentación de relatos terminará el próximo día 20 de abril de 2012 y nombre del  ganador o ganadora se comunicará en este blog el día 29 de abril de 2012.

Y eso es todo. Ahora… ¡¡Participa!! Accede a HOTEL MADANIS EN FACEBOOK y danos ese “me gusta” que tanta ilusión nos hace.

Lee las Bases legales

Category(s): Concurso de Relatos
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12 Responses to II Concurso de microrelatos Hotel Madanis

  1. ESQUICIO

    Esquicio está feliz.
    Una intensa sonrisa dibuja sus labios.
    Sus pensamientos están lejos, muy lejos de aquí.
    Quizá se ha enamorado…
    De repente, siente su cuerpo retorcerse.
    Muere.

    Esquicio está triste.
    Una lágrima obstinada reluce en su mejilla.
    Se abraza con fuerza a sí mismo.
    Pero, ¿por qué tanta desolación?
    Le han destrozado, roto en mil pedazos.
    Y muere.

    Esquicio no expresa sentimiento alguno.
    Su rostro está vacío.
    ¡Qué simpleza! ¡Qué vulgaridad!
    Esquicio presiente su final.
    Con un sencillo abrecartas le atraviesan una y otra vez.
    Y, sí, muere.

    Esquicio esta desquiciado.
    Su boca deforme escupe espuma.
    Sobre la palma de su mano late su corazón gris.
    Y ahora arde, arde todo su ser.
    Y, sí, Esquicio muere.
    ¿O no?

    El artista frustrado duerme en un sofá destartalado.
    Sobre su pecho reposa una botella de ginebra vacía.
    Esquicio escapa de la chimenea.
    El gurruño de papel llameante rueda por el suelo,
    y alcanza la alfombra de arpillera.
    Rápidamente, toda la cabaña es pasto de las llamas.
    Y, sí, ahora sí, Esquicio muere, para siempre:
    Su autor ha muerto con él.

    Fin

  2. Llaves para la Felicidad

    Fue un encuentro inesperado, casi fortuito, ambos perdieron el mismo tren quedando a merced del destino. Estaban en el lobby del mismo hotel, esperando; separados tan sólo por unos metros, pero no se habían visto, sólo eran rostros anónimos en un hotel concurrido.

    Estaban de pie frente al mostrador de la recepción, uno al lado del otro; pero no se trataba de un simple mostrador de hotel, estaban frente a uno muy particular, estaban en el mostrador del destino; en el que además de llaves electrónicas, se entregaban unas llaves muy especiales, unas concebidas para la felicidad.

    Estaban allí, esperando una habitación, y sin saberlo, podrían recibir otra cosa, una oportunidad para la aventura, una muy hermosa. Sólo les faltaba obtener lo más importante, lo imprescindible… necesitaban sus llaves para la felicidad; sin ellas, ninguna otra llave les abriría nunca la única puerta que necesitaban abrir.

    De pronto se miraron… De alguna forma misteriosa, casi mágica, él consiguió asomar su cabeza fuera de su burbuja de ensimismamiento y por un pequeño instante, no sin esfuerzo, logró enfocar sus ojos en ella. Casi al mismo tiempo, ella, de alguna forma inexplicable, pudo salir de sus pensamientos, y con un movimiento grácil volteó la cabeza, y con ojos serios pero firmes, también le miró.

    Y con esa mirada fue suficiente, ya habían conectado. No lo sabían, no eran conscientes de ello, pero luego de recibir sus llaves electrónicas, recibieron también sus llaves para la felicidad.

  3. LA HABITACIÓN

    Salió del ascensor y se dirigió a la salida no sin antes saludar al recepcionista del hotel.
    Veía a Julián tras aquel mostrador desde hacía quince años, casi tantos como llevaba él reservando la habitación 39 todos los martes.
    Salía pensativo y desconcertado. Ella le había dicho que no.
    Después de diecinueve años de relación prohibida, de ocultarse, de mentir a familia y amigos, de nervios de estrés….
    Hoy le había llevado la solución, le había ofrecido una nueva vida juntos y a la vista de todos. Hacía 8 meses que Helena había muerto y ya era tiempo de empezar a mostrarse juntos, nadie podría reprocharle a él, un cuarentón todavía bien parecido, que se interesase por otras mujeres, que rehiciera su vida.
    Y ella……Ella le había dicho que no.
    Dando pequeños sorbos a su copa de vino manchada de carmín, había intentado torpemente hacerle comprender que hace unos años, esa misma petición, la habría hecho gritar de felicidad, llorar de emoción, reír como una loca….
    Pero hoy, los rescoldos de su pasión, si bien la llevaban indefectiblemente hasta él todos los martes por la tarde, no eran suficientes para iniciar nada real, nada que pudiera resistir el embate de los problemas que existen más allá de las paredes de esa conocida, aceptada y ya totalmente conquistada habitación

  4. Era la noche de su aniversario, y ambos habían acordado que lo celebraría como es debido, reservaron en un hotel bastante lujoso, Mario pasó a recogerla a su casa, ella, Laura, subió al coche y saludó a su amado con un beso, ninguno de los dos se imaginaba lo que les sucedería aquella noche. Llegaron al hotel, recogieron las llaves, y subieron a la habitación, dispuestos a pasar la que sería la mejor noche de sus vidas.
    Empezaron a besarse apasionadamente, a acariciarse, cuando ella le interrumpió.
    -He oído un ruido extraño.
    -Será el servicio de habitaciones.- Dijo él
    Siguieron con el intercambio amoroso hasta que de pronto oyeron un grito que procedía del pasillo, Laura, asustada pidió a Mario que se asomara , tal vez alguien necesitara ayuda. Tal fue la desgracia de Mario al encontrarse con un hombre con que comenzó a perseguirle,gritándole que le mataría, rápidamente se metió en su habitación , junto a Laura, y cerró la puerta. El hombre golpeaba con furia la puerta, Laura llamaba por teléfono a la policía para que detuvieran a ese hombre que les amenazaba, con todas sus fuerzas Mario sujetaba la puerta, pero esta cedió.
    Cuando llego la policía al hotel, detuvo al hombre, un preso fugado, que juró venganza al ser despedido del mismo por un asesinato, . Lo que encontraron al subir a la habitación fueron dos cuerpos inertes, desangrados, dados de la mano, unidos, ahora por siempre en amor eterno.

  5. AMOR EN LOS PASILLOS DE UN MUSEO
    Era la primera vez que visitaba el museo Dalí, después del largo viaje hasta Figueres, estaba entusiasmada.
    Estuve paseando por el museo sin perder detalle de nada, preciosos cuadros, esculturas que ya había visto en libros y estudiado en el instituto, ahora frente a mi, estaba muy emocionada.
    Mirando el cuadro de las horas estaba el, esos relojes de Dalí que se deshacen en el tiempo, parecen decir que aprovechemos el momento porque se nos va sin darnos cuenta, eso me ayudó a no dudar, me acerqué a aquel chico, antes de llegar el se giró, fue un cruce de miradas bajo el embrujo de Dalí, me preguntó si había venido sola, la respuesta era afirmativa, el también viajó solo, dimos un paseo juntos por el museo, se paró frente al cuadro de las galanteas de las esferas y me besó. Nunca olvidaré aquel cuadro ni las obras de Dalí. Ahora, Mikel y yo llevamos ya tres años viviendo juntos. Gracias al encanto del museo Dalí.

    Xabier Susperregui says:

    LA JUGADA DEL SIGLO

    Cogió el balón cuando quedaban tan sólo unos pocos segundos del descuento y empate en el luminoso. Un regate, dos, el tercero, otro más… Todo el público en pie. Al número 10 blaugrana tan sólo quedaba el portero por delante. Nadie había hecho algo así jamás. Golpeó suavemente por debajo de las piernas del cancerbero y el balón quedó justo en la línea. El árbitro miró su reloj. Todos quedaron paralizados. Fue a tocar el esférico y golpeando al poste, no marcó. Por eso no perdió su equipo.

    rafa ballesteros diaz says:

    Juan era culé, siempre deseó ver a su equipo en el NouCamp, pero realizó su sueño ya cuarentón.
    Prometió que con su hijo Jesús, no pasaría igual:lo llevaría antes a conocer el Santuario. Jesús ya había visto a su equipo,pero nunca en Barcelona,eso sería mágico…eso era el culmen del sueño de ambos.
    En 2 horas de avión, estaba en el hotel a 200 mts.del santuario blaugrana…la sorpresa seguiría porque Juan había hecho a su hijo el típico cartel de “Cesc, te cambio tu camiseta por el chupete de mi hermana”.
    Y llegó el día, y Jesús, se tiró todo el partido gritando a su ídolo, el cual observó el cartel y le hizo gracia que su nombre el crío lo pusiera con Z…Zesc, y es que el padre lo quiso hacer real como si de falta de ortografía de un niño pequeño se tratase, con la esperanza que el tic, “surtiera efecto”…y surtió…terminado el partido, se acercó para hacer “el cambio” pero la camiseta la cogió otro chico y huyó, quedando el pobre chaval llorando desconsolado, a la vez que veía irse a su ídolo….
    Cuando llegaron al hall, le advirtieron que había una caja y una nota para ellos.La caja tenia una camiseta firmada de cesc fabregas y en la nota ponía : “Gracias por el chupete Juan, siento el incidente, di con vosotros porque detrás del cartel estaba detallado a bolígrafo, el croquis de llegada del aeropuerto al hotel que tu padre pintó”…lo demás fue facil,solo tuve que venir andando…¡¡¡Visca el Barça!!!

    María José Ramírez says:

    Hotel del destino

    Soltó las maletas en la recepción del hotel, tras el largo viaje. Pidió la llave de la habitación que tenía reservada. Subió en el ascensor a la segunda planta y entró en la habitación. Pidió que le subieran una botella de cava. Quería celebrar que, por fin, había conseguido el trabajo que deseaba en aquella ciudad. Lo que también le permitiría estar más cerca de la persona a la que amaba. Llamaron a la puerta y le entregaron la botella. Llenó la copa y bebió un trago mientras marcaba en el móvil el número de Agnes. Cuando ella se enteró de la noticia se puso muy contenta. Por fin la distancia no sería un impedimento para estar juntos.

    A la media hora Agnes ya estaba esperándole en la recepción del hotel. Salieron a dar una vuelta por la ciudad. Volvieron al lugar donde se conocieron y ambos recordaron lo que sintieron aquel día. Algo que ni el tiempo, ni la distancia ni todo los los obstáculos que se les habían puesto por delante en su relación habían logrado borrar.

    Volvieron al hotel y, de pronto, todo había cambiado. Tenía el mismo mobiliario que cuando lo visitaron al poco de conocerse. Pidieron la llave en recepción y subieron a la habitación. Allí estaba aquella hoja amarillenta por el paso del tiempo en la que habían escrito su promesa de amor eterno. Entonces se besaron y al abrir los ojos todo había vuelto a la normalidad.

  6. ELLA

    Fue en ese hotel cuando la vio por última vez. Al entrar al espacioso comedor, se dio cuenta de que en el escenario había una preciosa muchacha de largo cabello pelirrojo que, inclinada sobre su guitarra, entonaba la melodía de una canción de Lluís Llach.
    Se sentó en la mesa más cercana, escuchando embelesado los acordes que formaban su canción favorita. Se pasó allí horas, impasible a lo que ocurría a su alrededor; simplemente prestaba atención a la chica del escenario. Ella, que parecía haberse aprendido de memoria su lista de canciones más escuchadas, cantaba feliz al ver que había alguien que la escuchaba tanto interés.
    Cuando la joven terminó, él se levantó de la silla, se acercó al escenario y la felicitó gratamente por su obra. Ella le cogió la mano y se la estrujó, con los ojos brillantes, en señal de agradecimiento. Entonces se apartó y abandonó el escenario solemnemente.
    Al día siguiente, cuando él entró al comedor, había otra mujer en el escenario, tocando un violín desafinado. El hombre buscó a la chica por todo el hotel y regresó cada día al comedor, pero su hija no volvió a aparecer nunca más.

  7. ESCRIBE-ME

    Llevaba dos años perdido por Barcelona, malviviendo en pisos compartidos, visitando editoriales y suplicando que leyeran sus manuscritos. Era un joven de treinta años anticuado y solitario. No escribía a ordenador, no hablaba inglés ni leía a Larsson. Tenía las de perder pero mantenía la esperanza. Cada tarde iba a la cafetería de un hotel céntrico, cargado de papel, lápices y pluma. Explicaba que allí compartía la extraña y mágica sensación de novedad con los demás visitantes, de habitarla circunstancialmente, prestada temporalmente, con permiso para caminar por aquellas calles aunque, con cuidado, de puntillas. Sin embargo, la verdadera razón es que hacía año y medio que la esperaba; su verdadera historia por contar. Bajo la mirada desconfiada de algunos viejos camareros, esperaba paciente. Un día, cambió su suerte y una carta anunció que publicarían una colección de relatos inspirados en su deambular por Barcelona. En ese momento ella se acercó y sus labios, rosados y carnosos, pronunciaron las palabras adecuadas: “¿Qué desea?”.
    Su oportunidad. Era preciosa, de larga melena rubia y con unos ojos marrones que no dudaron en clavarse fijamente en sus pupilas. La camarera y él callaron segundos eternos, expectantes ante el reflejo del uno en el otro. Finalmente, respondió con nuevos ánimos, a la dueña de sus deseos: “Desearía que fueras la protagonista de mis historias”. Ella, menos sorprendida de lo que cabía esperar, pues lo observaba día tras día ensimismado tras una mesa empapelada de palabras mudas, contestó, sonriente: “Entonces escribe, escritor. Escríbeme”.

    Gustavo Eduardo Green says:

    MORENA DE BARQUISIMETO

    Conocí su cuerpo voluptuoso en una noche de carnaval., meneaba sus caderas al

    ritmo de los tambores. Ojos de cristal, mirada de pantera.

    En el calor agobiante de Barquisimeto las gotas sudorosas rodaban por su piel

    morena y resbalaban por el ajustado vestido amarillo de seda.

    Me acerqué tímido, casi tembloroso; mostró sus dientes y agitó sus pechos.

    El aire se impregnó con el perfume de Araguaney que exudaba su piel morena.

    Me tomó de la mano y danzamos en el paraíso.

    En un cuarto de hotel pintado de verde recorrí su cuerpo, mientras la cortina

    floreada se bamboleaba al son de la brisa cálida que atropellaba la ventana abierta.

    Gustillo a papaya en sus senos turgentes, sabor a guayaba en sus mejillas sudorosas,

    gusto a toronja en sus partes descendentes.

    Con pasión hinqué mis dientes y afloró la pulpa amarilla de semillas abundantes,

    mi lengua degustó trozos de maracuyá, frescos; saboreé sus brazos de cambur y lamí su

    cuello de piña.

    Bebí el agua de coco de sus cabellos, me hundí en sus profundidades mordiendo

    mango y chirimoya.

    Hastiado y satisfecho me desvanecí enroscado en las sábanas púrpuras.

    …………………………………………………………………………………………….

    Por la mañana la puerta de la habitación número 4, cerrada por dentro, fue derribada

    por la policía, el solitario extranjero fue detenido sin comprender palabra.

    En la silla de paja, sobre el respaldo, yacía un vestido amarillo de seda.

  8. Hôtel Madanis a été un super hôtel très agréable, le personnel est entièrement disponible.Les chambres sont popres bien décorées spacieuses.
    Le metro est à proximité.
    Nous reviendrons très vite!!!

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