Concurso de microrelatos

A partir del próximo día 28 de noviembre de 2011, comienza el concurso de microrelatos con el que los participantes podrán optar a un premio que os explicamos en la siguiente imagen:

Sólo tienes que acceder a nuestra página de Facebook, hacer click en “Me gusta” y publica tu relato como comentario de esta entrada.

El ganador será seleccionado de entre todos los participantes y la decisión sobre cuál es relato que consigue el premio, vendrá determinada por las siguientes variables:

  • Número de “me gusta” y comentarios en Facebook .
  • Valoración de un jurado formado por diferentes blogueros relacionados con la literatura.
  • Valoración final de un jurado compuesto por miembros de la plantilla del hotel.

La presentación de relatos terminará el próximo día 20 de diciembre de 2011 y nombre del el ganador o ganadora se comunicará en este blog el día 26 de diciembre de 2012.

Y eso es todo. Ahora… ¡¡Participa!! Accede a HOTEL MADANIS EN FACEBOOK y danos ese “me gusta” que tanta ilusión nos hace.

18 Responses to Concurso de microrelatos

  1. ¿Recuerdas algo de él? Recuerdo un hotel.

    Guillermo Fernández atravesó el vestíbulo. No estaba seguro de porqué estaba allí, había sentido un irrefrenable impulso de dirigirse al hotel, años atrás tan familiar. De repente se fijó un hombre rubio y ojos azules que le resultaba extrañamente conocido y que vestía de traje. Nuevamente sin conocer los motivos, se acercó a él y le sonrió. Contra todo pronóstico, el joven le devolvió la sonrisa. Guillermo quedó bloqueado y se dirigió al mostrador del hotel. Sin que se diese cuenta, el desconocido le siguió. Preguntó por el gerente, resultó que estaba tras él. Guillermo se presentó y educadamente le narró su historia. Buscaba a su hermano, de quién le separaron durante la guerra, de niños, y con quien se hospedaba habitualmente en el hotel. No sabía por dónde empezar a buscar. Curiosamente el gerente, en busca de respuestas, llevaba poco tiempo en el hotel, ¿su nombre? Miguel Fernández.

  2. Fue una noche extraña,diferente.Yo miraba el techo sosegadamente como deseando que me hablase,pero no lo hacia y seguía lanzando preguntas al aire y seguía sin respuesta.Era tarde,y al final,me quede dormido.
    Me levante a primera hora,me mire al espejo,ese espejo inmenso que algunos hoteles tienen,chivatos de cualquier defecto no encontrado en un costado de tu cuerpo y apoye mis manos en el mármol frío,y dije “adiós”luego nos vemos.
    Me vestí con el traje gris,algo arrugado,pero daba igual, así era el día, y camine por los pasillos hacia el ascensor,con mi maletín en una mano y los sudores en la otra ,escuchando una música que me dulcificaba.
    Ya estaba casi fuera cuando escuche “que tenga un buen día,Señor”era una simple limpiadora del hotel,y me dije “tanto mirar al techo,para que la fuerza que necesitaba hoy me la diese una simple sonrisa y cuatro palabras”.
    Comienza el día,vivo de nuevo.

  3. El taxi le dejó empapado a las puertas del hotel.

    Cansado, arrastrando el cinturón de su gabardina por el abrillantado suelo subió y entró. Al fin. H. 416.
    Atrás quedó la huella de un grito disipado en la noche, unas manos agarrotadas en sus peludas muñecas, un frío intenso que ni siquiera la ducha mitigó.

    Tan guapa y tan dulce, aquellos ojos se abrían como una bocanada de humo que quisiera envolverlo. La noche estaba rota y los gatos habían huido despavoridos bajo el azote de la lluvia. Sentado y cabizbajo, atada la toalla a la cintura alargó el brazo y buscó en sus bolsillos.

    No estaba.

    Un whisky semi-templado enjugó sus encías, depuso sus hombros pesados, las uñas descosidas por cientos de arañazos.

    Sacó los forros y tentó cada centímetro de tejido mientras una imagen cincelaba su memoria como un clavo en el armario.

    No estaba.
    Ni tenía luz ni sonaba.

    Y entonces, el rictus de una mueca se estrelló contra el cristal que la alumbrara.

    José Manuel Granda Merodio says:

    La luz del amanecer entraba tímidamente por el minúsculo ventanuco, un sudor frio volvió a recorrer toda mi piel, a lo lejos se oían unos pasos que con su tintinear metálico se iban aproximando, otro escalofrío, sentí como la cena me volvía hacia la boca, respiré profundamente, una llave entró en la cerradura y con un ruido, antaño nauseabundo y hoy esperado, la puerta se abrió, una sombra inundó mi estancia y no me permitió contemplar la mesa con el desayuno, la sombra se quedo inmóvil esperando que me incorporase, tardé unos segundos, quería recordar todos los rincones, todas las horas allí pasadas, tantos recuerdos, me incorporé y la seguir a través del pasillo, no me había percatado que otra sombra iba siguiéndome con pasos sincopados, después de unos minutos larguísimos, eternos más bien, llegamos a una sala, me introdujeron en una pequeña habitación que formaba un apéndice de ella y me indicaron que me pusiera aquellas ropas que había dobladas perfectamente sobre una solitaria silla, tras quitarme las mugrientas con las que me había estado vistiendo durante los últimos siete años, seis meses y catorce días, me puse éstas que ahora olían a jazmín y albahaca y que me hacían recordar mi niñez y a mi madre cantando una canción en la que un pequeño pájaro lamentaba su suerte por encontrarse encerrado en una jaula de oro, mientras planchaba las camisas del señor notario, se abrió de nuevo la puerta y allí estaba yo, con mi nueva indumentaria, me dirigí hacia la que ya me habían abierto y me recosté sobre la camilla con la sábana estrenada en ese momento, el facultativo con la bata blanca se acercó a mí y me preguntó si estaba cómodo, fueron las primeras palabras que escuchaba en ese día, asentí y me subió la manga de la camisa, me ayudó a recostarme y descubrir el otro brazo así como los tobillos para poder fijarme aquellas correas que colgaban de la cama, por fin iba a descansar, ya no me atormentarían los remordimientos, la imagen del cajero cuando tocó el botón que activaba la alarma e intentaba, a la vez, esconderse debajo de la mesa y me miraba fijamente a los ojos mientras yo le apuntaba antes de disparar, iba a borrarse, por fin, para siempre de mi conciencia después de tantos y tantos días de espera, pero en aquel momento entró precipitadamente uno de los vigilantes y con un imperceptible hilo de voz le dijo a mi interlocutor que no podría ejecutarse la sentencia: una orden del juez había pospuesto, otra vez, la ejecución hasta resolver el recurso interpuesto por la familia de la víctima.
    ¡Maldita vida! Ni descansar en paz puedo.

    José Manuel Granda Merodio says:

    Ahora lo entiendo: estoy muerto y no puedo ver, pero si oír una conversación que se produce a mi lado.
    -¿Cómo fue?
    - Lo que sabemos es que un vehículo se saltó la mediana y choco contra él.
    Alguien entró y dijo:
    -Les acompaño en el sentimiento. No pudimos hacer nada por él, perdió mucha sangre.
    -Él siempre quiso que su cuerpo sirviera después de muerto.
    Reconozco en esas palabras a Irene, mi esposa.
    -Para la extracción de los órganos necesitamos cumplir cierto protocolo- asestó con voz grave un desconocido.
    -Era su última voluntad –aclaró mi esposa.
    Traté de gritar sin conseguirlo.
    La voz desconocida siguió diciendo.
    -Sé que no es el momento pero necesitamos, aparte de la fotocopia del DNI, un certificado de empadronamiento y de convivencia expedido por el Ayuntamiento.
    Eso fue lo último que pude escuchar, ahora todo es silencio y oscuridad.

  4. El Sol rozaba ya la línea del horizonte en la lejanía mientras ambos, enmudecidos por la belleza del momento, buscaban la oportunidad de decirse aquello que tanto tiempo llevaban esperando. Él levantándose para contemplar como se ponía completamente el Sol, y ella armándose de valor, se levanta rápidamente le abraza por la espalda y finalmente le susurra al oído eso que ambos deseaban escuchar uno del otro:
    - Te amo

  5. 22 de Diciembre. Desde el baño, simulando lavarme las manos, la observo hacer la maleta.
    Desde que, hace ya 23 años, nos casáramos, la he visto hacer la maleta cientos de veces.
    Mi trabajo me obliga a viajar por hoteles de todo el mundo la mayor parte del año y ella, en algún momento, eligió seguirme, compartir esa vida conmigo.
    En ocasiones me ha comentado que hicimos una estupidez al comprar una casa. Debe ser cierto pues hemos pasado en ella alrededor de 30 días este año.
    Su hermana entra en la habitación, se sienta sobre la cama, le dice que viene a despedirse y le preguntan si no está cansada de esa vida de hotel. Le recuerda que dentro de dos días es Nochebuena, que toda su familia cenará en la casa familiar como tienen por costumbre y que, como cada año, la nombrarán en algún momento y la echarán de menos.
    Ella se sienta a su lado y la abraza. Le dice que los regalos navideños para los más pequeños están bajo la cama, que vivir en hoteles no está tan mal, que hay personas en ellos a los que, a fuerza de tratarlos, considera amigos, que en estas fechas todos se esfuerzan en tratarse con cariño, en ser una familia….
    Se abrazan y Carmen sale de nuevo de la habitación.
    Me siento algo culpable. Me acerco con el neceser en la mano para que lo acomode en la maleta y le tomo la cara. La miro a los ojos como intentando saber lo que no cuenta. ¡La quiero tanto!.
    Ella sonríe, con un movimiento suave coloca mis brazos alrededor de su cintura, apoya la cabeza a contra mi pecho y me dice muy bajito que, esté donde esté, así se siente en casa, que desde que me conoce mis manos la abrazan y la acarician, la espabilan y la animan, que soy su hogar.

    Adrián Ocaña Vázquez says:

    ¿Qué son las estrellas? Me preguntas cuando las luces ves apagar.
    Las estrellas son aquellos que ya no están, aquellos que nos iluminan el camino cuando nuestros ojos ya no ven, cuando nuestra luz se ha apagado, te respondo haciendote entender nuestro gran destino.
    Pero… papá, ¿los abuelos son estrellas?
    Te sonrío, miro tus ojos angelicales e inocentes y te digo: hijo mio, claro que los abuelos son estrellas, y brillan con mucha fuerza gracias a ti, tú les diste la mayor alegría que tuvieron, y si miras ahora al oscuro cielo les verás iluminarlo, para que cuando te alcance el derrotismo, puedas verles y seguir adelante, seguir soñando con un mañana mejor.
    Diriges tu mirada al cielo, y ves dos estrellas juntas, las cuales conoces como yayos. Les añoro mucho, papá, me dices en el momento en que cambias la expresión de tu cara.
    Yo tambien, hijo mio, pero ten fé en que algún dia nos reuniremos todos de nuevo, y volverás a estar en el parque junto a tu abuelo, y tu abuela volverá a hacerte sus maravillosos jerseys de lana. Pero te digo una cosa, no esperes ese día pronto, pues si quieres que esas estrellas sigan brillando, habrás de vivir en paz, y, sobre todo, ser feliz.

  6. Cuando lo vió fue como si el mundo se parara de repente, sus amigas desaraparecieron de su lado y a lo largo del vestíbulo sólo estaban ellos dos mirándose sin pestañar desde extremos opuestos.
    Hacía diez años que se habían visto en aquel mismo sitio. Ella había ido a pasar un fin de semana con sus amigas para celebrar que empeceban una nueva vida y él… nunca le dijo cual era su excusa para estar allí.
    Aquel fin de semana fue inolvidable, desde que se cruzaron en el pasillo de sus habitaciones no se separarón hasta el momento de su despedida; una despedida que dejaron abierta, pues nunca se dijeron adiós simplemente esperaron que el destino volviera a unir sus caminos.
    Durante estos diez años ella había revivido mentalmente aquellos días millones de veces, era su medio de escape a la monotonía de su vida, la única locura cometida en 28 años. Siempre la hija perfecta, la alumna perfecta, la típica persona que nunca había roto un plato en su vida, a excepción de aquel fin de semana en el que decidió romperlos todos.
    Se acercarón el uno al otro lentamente, temiendo que si se tocaban el espejismo desapareciera. Cuando al fin estaban los dos juntos en el centro del vestíbulo, bajo la inmensa lámpara de araña del hotel, él, seguidor de las películas de Richard Gere, la besó apasionadamente y le dijo:
    -No te vuelvas a marchar.

  7. me gusta mucho esta historia.me gusta el reencuentro que tienen despues de tantos años y el pensar que se volverian a encontrar,

  8. la historia que mas me ha gustado es la de ana del 30 de noviembre

    Cristian Antón Carrillo says:

    En la entrada del Hotel hay una historia de amor entre dos que pocas veces se encuentran y un tercero que alrededor de ellos les vitorea. El Horario, el minutero y el segundero.

  9. PREMONICIÓN
    A ella no le gustaba demasiado viajar, por eso de tener que dormir en otra cama. El hecho de tener que soñar en sábanas que no estuvieran contagiadas por la rutina de su hogar siempre inquietan al principio. Después de un tiempo te acostumbras, como a todo. Además, aquel viaje era distinto a todos los viajes de su vida. Aquel hotel se le presentaba como reflejo , como anuncio de su propio futuro. Aquella noche era la tercera de su luna de miel.

    Aquella madrugada, un grito ahogado en plena oscuridad le despertó, sobresaltado. Palpó con dificultad el interruptor que devolvió una luz amarillenta a la habitación.

    -¿Qué te ocurre?
    – He tenido una pesadilla… -sollozaba como si se tratara de una niña pequeña e indefensa ante el cruel monstruo del armario- una pesadilla horrible…
    -¿Pero qué has soñado? ¡Menudo grito! Me has asustado… ¿estás bien?
    – Ha sido uno de esos sueños que parece tan real que…

    Ella se echó a llorar desconsoladamente y, mientras temblaba, él la abrazó tiernamente, como queriendo demostrarle que no había nada más allá de esas cuatro paredes, que fuera lo que hubiese soñado, ya no existía.

    -Cariño… no llores… ¿quieres contármelo?
    -He soñado que… no te lo vas a creer… he soñado que me arrancaban el corazón… que alguien me lo quitaba y se lo llevaba para siempre… alguien se quedaba con él… y yo me quedaba ahí… quieta, callada, sin poder hacer nada…
    – No llores, ya pasó… no te preocupes… Tú sueño no tiene sentido… ¿cómo te van a arrancar el corazón? Es solamente una pesadilla… y además… ¿dónde te quedabas?
    -Pues… ahí… a tu lado.

  10. AMOR MATEMÁTICO

    Celebraban el día que se conocieron: once de noviembre. Habitación ciento veintiuno. Primera planta. Siempre a las doce de la noche daban comienzo a la operación. Sumaban doce extremidades y seis ojos. Resolvieron pronto la raíz cúbica de sus bocas. Uno se dividió entre dos ombligos y trató de despejar la incógnita de aquella piel multiplicada hasta el infinito. Dos elevó al cubo su máxima potencia y logró el éxtasis como resultado.
    Tres concluyó que, después de todo, no implicaba una multitud.

  11. LA HISTORIA JAMÁS CONTADA

    Como cada día de aquella larga semana al despertar, él no estaba. Se encontraban en la misma planta de un maravilloso hotel, invitados los dos a distintos congresos. Ella venía para dar una charla sobre la pintura del siglo XIX. Él para hablar del impacto de la publicidad audiovisual en las nuevas generaciones. Premonitorio. Sólo se había topado con su perfume una vez en el ascensor, el primer día.
    Entonces, la última mañana de estancia en la misma ciudad, marcó en el teléfono su número de habitación, despacio. Esperó tranquila a que sonara la llamada al otro lado de la línea y, al escuchar su voz, que preguntaba quién era, dijo: “Haces muy mal en no enamorarte de mí”. “Yo podría ser una historia preciosa”. Y así le puso fin a la historia jamás contada… ni ocurrida.

  12. Título.- ¡ Boom !

    Esta no era una misión imposible, simplemente Tom, alias Ethan Hunt, sonriendo, a pesar del frío, en la inmensa espesura del cine Callao.
    Los rusos lo sabían, el asunto tenía pedigrí.
    No hacía falta saltar de un tejado o demoler en silencio las puertas del Kremlin.
    Aquel tipo rubio con pendientes de crucifijo colgándole de las orejas no le daba buena espina. Trató de eludir su mirada afianzándose entre los focos, acercándose al barman de negra pajarita.
    ¿Cómo podía explicarlo a su regreso?
    Trató de recordar la consigna de los toreros, la clave de una puerta secreta, el gatillo suspendido en una mano entre modelos empolvadas en rímel y fastuosos cacareos…
    No, no podía ser, no era imposible, aquellas hormigas desdentadas le habían revelado un secreto :
    “Sigue el camino hasta un enjuto protocolo y no te hará falta una quinta saga”.
    Los rusos lo sabían, ni siquiera Bond le mportaba.
    En España tenemos duquesas, afables duquesas con la cabeza un tanto cascarillada.
    ¡Boom!

  13. ante mis ojos se presentaba un fin de semana que seria inolvidable.
    al bajar del avión era como haber cambiado de mundo, pasaba de estar en una ciudad pequeña y tranquila a estar en una gran cuidad llena de gente de todas partes.
    despues de preguntar y preguntar conseguimos llegar al hotel, una chica encantadora y atenta nos indicó cual seria nuestra habitación y que estaria a nuestra disposición en cualquier momento que lo necesitaramos. fuimos a nuestra habitacion, era un sitio muy acogedor y bonito, nos tumbamos en la cama para descansar del viaje (la primera vez que se viaja en avión es muy especial pero agotador) pero la emoción del lugar nos impedia quedarnos dormidos. decidimos bajar a cenar algo y relajarnos pues al dia siguiente nos esperaba un dia muy largo (que alfinal se nos pasó volando). nos despertamos pronto para aprovechar el dia y un sol radiante entraba por la ventana, nos preparamos rapidamente para no perder ni un minuto. bajamos a desayunar a la cafeteria del hotel y un chico muy amable nos sirvió un delicioso desayuno. ya con las energias cargadas salimos a la calle, hacia un dia maravilloso, ideal para todos los planes que teniamos. nos dirigimos hacia el camp nou para ver el museo, me quedé impresionada, nunca habia visto un lugar tan especial, lleno de gente todos con un interes en comun, no tengo palabras para describir todo lo que senti en ese momento. cuando terminamos la visita fuimos a conocer toda barcelona, era la primera vez que estabamos alli y no nos queriamos perder ni un rincon, la sagrada familia, el parque güell, las ramblas, el paseo maritimo…. no queria que terminara nunca ese fin de semana, pero el tiempo pasa inevitablemente y cuando menos me lo esperaba ya estaba otra vez en el aeropuerto esperando al avión que me trajera denuevo a mi realidad. ahora solo pienso en que llegue el dia en que pueda volver a revivir aquel sueño.

  14. Ella le miró a los ojos, y con una sonrisa nerviosa, musító:
    - No sabía que esto se llamaba así.

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